La política: alto servicio
Para el Papa Francisco, la política es “el más alto servicio de la caridad”, retomando una expresión de San Pablo VI. Cabe preguntarse, ¿por qué la política es el más alto servicio?
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Porque tiene que ver con el conjunto de bienes que la caridad tiene que atender; porque Dios es amor, caminamos con su Espíritu hacia la “civilización del amor y la verdad” de la que hablaba San Juan Pablo II.
En este marco decimos entonces que la primera ocupación de los cristianos, de los hombres de buena voluntad y, especialmente, de los políticos será proteger a todos los seres humanos, ya que cada uno de ellos tiene valor, por lo tanto, la política velará por el bien común, la dignidad de todos (especialmente de los más vulnerables) promoviendo la fraternidad en el marco de la subsidiariedad, es decir, respetando los diversos niveles de los pueblos (las familias, las comunidades intermedias…etc.). La política debe recordar siempre que el fundamento de la sociedad se halla en la familia como célula primordial, y que “gobernar es poblar” como se decía en el siglo XIX, porque sin crecimiento demográfico no hay crecimiento sustentable.
No debe olvidar la centralidad del trabajo desde la perspectiva vocacional, tan pertinente en este año vocacional que propone nuestro obispo diocesano; no sólo desde la perspectiva de la fe eclesial, sino también desde la psicología, ya que todos necesitamos descubrir cuál es la misión personal con la que serviremos a los demás, ganándonos así el digno sustento. Tampoco debe olvidar la educación de las nuevas generaciones en un diálogo constante con las nobles tradiciones de los pueblos y promoviendo el crecimiento integral de cada ciudadano, la amistad social y el desafío de las nuevas problemáticas culturales, psicológicas, económicas.
Recién entonces llegamos a un tema que a veces nos absorbe como único: el tema del bienestar para todos en la justicia, es decir, el desafío de una economía fraterna. Los políticos están llamados a poner límites al mercado y a negociar en torno a la globalización para que la economía sea lo que significa etimológicamente: la buena administración de la casa.
¡Y la patria es nuestra casa! Se dice, por otro lado, que si alguien está resfriado en la China, los argentinos estornudamos… (o algo así) para constatar que vivimos en un mundo altamente interconectado: es por eso que los buenos políticos no miran sólo lo que pasa a 30 kilómetros de distancia, sino sobre todo se fijan en la geopolítica y en los grandes movimientos culturales y económicos que suceden a largo plazo, teniendo en cuenta los intereses de los pobres, débiles y sufrientes de todas las naciones. La política del siglo XXI será buena si vela por la casa comunitaria del planeta, si apoya propuestas sustentables y no extractivas y si en vez de levantar los muros de la violencia, construye los puentes del diálogo y de la paz.
Será responsable si promueve la investigación científica en un marco ético; pero atrasará si cree que todo lo posible es bueno. Tratará lo más posible de tener una moral “precautoria” (que tenga precaución) a la hora de experimentar, para salvaguardar la dignidad integral del hombre. Además, intentará dar a la población una buena y veraz información y la regulará conforme al bien común, para que algunos sectores con poder despótico no se hagan cargo del periodismo, manipulando la opinión pública al servicio de una casta elitista. Por último, una buena política promoverá la libertad de conciencia y la libertad de culto porque esos “terrenos sagrados” no deben ser invadidos por ningún poder superior que no sea Dios.