1913
Desbande en el corso de 1913
Pese a las previsiones tomadas por la comisión organizadora, a las protestas del público y a la prédica de “EL DEBATE”, la característica de las carnestolendas de 1913 en nuestra ciudad fueron los desórdenes provocados en su trayecto cuando arreciaba el juego con agua.-
En palabras de "EL DEBATE" del viernes 17 de enero de 1913, el dios de la locura sacaría de sus casillas a todo el mundo. La comisión organizadora ya había iniciado sus trabajos y la acogida del pueblo parecía buena. Incluía una buena iluminación eléctrica para las noches de festejos, considerada el alma de la celebración. Estaban instituidos los premios. El vehículo mejor adornado recibiría $ 80, el segundo $ 50, y tercero $ 30. Palco mejor adornado, $ 30. Grupo de máscaras originales $ 40 y para el segundo $ 20. Mejor bicicleta artísticamente adornada $ 40 y al segundo $ 30. Los centros sociales se aprestaban a abrir sus salones, el Club Social proyectaba suntuosos bailes. En la noche del jueves, un grupo de encantadoras niñas departían con entusiasmo sobre la clase de disfraz a usar en las tertulias familiares a iniciarse. Así, el lunes siguiente las instalaciones de dicho Club se vieron invadidas por una comparsa de niñas, que recién comenzaba a organizarse, y otra de jóvenes, quienes con sus indumentarias grotescas y sus instrumentos de música despertaron el interés desde un primer momento, provocando la consiguiente hilaridad. Se llamaban Los Rantifuzos, su entrada fue triunfal y el bullicio que armaron, unido a la incesante charla de las alegres mascaritas, produjo animación en la sala. Con los acordes de un vals se inició la danza con gran frenesí. En los llamados "asaltos" a varias casas de familia se improvisaron simpáticas reuniones. Resultaron "asaltados" los hogares de los esposos Muzio-Béhèran, de la familia Jurado y del Sr. Clariso Hereñú. La comparsa de niñas que se había creado visitó también la casa de la familia Laurencena-Elizalde; pocas veces se habían realizado reuniones tan brillantes y animadas, la concurrencia, numerosa y distinguida se entregó muy pronto a los placeres de la danza hasta las 3 de la mañana. Después fue el turno de la familia García Barrera; y de los esposos Caliani; la comparsa de niñas en bulliciosa algazara hizo irrupción en el hall de la casa, principiando el baile. La Confitería El Águila, en el deseo de satisfacer a su clientela, ofrecía una abundante provisión de artículos de primera calidad en ocasión de los días de carnaval y excepcionalmente hermosas bomboneras para el gusto más exigente y caprichoso. Y en su crónica del viernes 7 de febrero, "EL DEBATE" dice que las tradicionales fiestas se habían desarrollado sin alterar poco ni mucho los contornos alcanzados años anteriores. Resalta el apagamiento, la poca vivacidad, el silencio más bien de la concurrencia callejera en la que figuraron algunas decenas de máscaras lamentablemente lúgubres. Muchos palcos repletos por conocidas familias y escasos coches en el desfile, entre los que se notaron los de las Srtas. María Amalia y Enriqueta Elizalde, Carmen y Virginia Albornoz, Micaela Echavarría y Margarita Cazenave (de aldeanas francesas), Lola y Elvira Etcheverry, Adela Fernández y Srta. Carriquiry (de rosas), María Virginia y María Esther Béhèran, Beatriz Zamora y María Alsúa (de alsacianas), Palmira, Zaída, Flor y María Eloísa Gericke y Dominga Pais Garay (de odaliscas), Virginia y Elvira Etcheto y Petrona Olivera (de valquirias), Paula F. de Henderson, Feliciana Bernaldo de Quirós, Dominga Ferreyra, las Srtas. de Rocchi y González (de margaritas), María y Elba Despouy (de crisantemos), lo hacían de vendedores de diarios: Amanda de Antueno (La Prensa), Oscar de Antueno (La Nación), Esther Narvarte (EL DEBATE), María del Carmen Montañez (La Patria Italiana), Elena Montañez (EL DEBATE), Rosa Durand (La Argentina) y Angélica Maza (La Nación). Se destacó el vehículo muy bien presentado por los niños del Sr. Emilio F. Pérez, denominado Los Pilletes. También los carros imitando una bañadera y un grafófono, ocupados por jóvenes bien arreglados. Agradó lo suficiente la imitación de un aeroplano. Pero el peor de los gustos reinó en la cuestión de las mascaritas; se notaba poca originalidad, los disfrazados presentaban siempre las mismas indumentarias. Circularon también algunos coches y automóviles ocupados por caballeros y señoritas de particular. Los palcos, más numerosos que años anteriores, estaban repletos de concurrencia, pero su arreglo no sobresalía de lo vulgar, lo que hacía pensar que las familias buscaron la comodidad de pasar el momento libre de las molestias del jugador grosero que llega al extremo con el pomo y el papel picado, y no el gusto en el adorno. Sólo dos palcos estaban adornados en el trayecto, el de la familia Schuster y el del Sr. Emilio F. Pérez. Y en cuanto al juego con serpentinas, flores y confetti resultó muy animado. Pero el transcurso normal de la fiesta fue abruptamente interrumpido, demasiado temprano, para ser suplantado por el agua, juego a cargo de algunas personas que no solamente mortificaban a las familias con su práctica sino que deslucieron por completo la fiesta. En este aspecto -señala la crónica- y por ser tal juego una anomalía, se hacía notar a la comisión organizadora, que a pesar de la majestuosa amenaza exteriorizada en el boletín repartido profusamente, de retirarse del trayecto tan pronto como se infringiera la disposición respectiva, no podía remediar el mal por cuanto no era posible imaginar tal acto de protesta en personas de las cuales algunas tienen en el caso el doble papel de autoridad y de principales proveedores de materiales cuyo uso llevaba precisamente a las infracciones. "EL DEBATE" sugería que una de las noches fuese dedicada al juego con agua, para que la asistencia fuera exclusivamente de quienes se dedicaran a tal práctica. En la denominada octava de carnaval la afluencia fue mayor; pero el juego de flores y serpentinas no tardó en deslucirse después de una hora de empezado, originándose un singular y caótico desbande. Las primeras en huir del circuito fueron las señoras y niñas que en los coches y palcos prestaban su cooperación a la fiesta. Todo como consecuencia de la intemperancia de muchos que emprendieron el juego con agua de modo abusivo, sin consideración alguna, lo que no tardó en ser imitado por los demás; lo que fue suficiente para que el corso perdiera todo su brillo en medio de aquel desenfreno. En esa misma edición del lunes 10 de febrero, "EL DEBATE" dice que pese a sus señalamientos y la hoja suelta difundida por la comisión organizadora que trajo a las familias alguna tranquilidad en el sentido que hasta cierta hora el juego sería contenido, había resultado todo lo contrario, la retirada precipitada y corridas en todas direcciones fueron obligadas por el juego con agua y en una forma que hablaba muy mal de quienes la promovían; la nota ingrata de la guaranguería fue dada por ciertas personas cuyos nombres se sindicaban y titulaban "decentes", entre los cuales sobresalió un caballero domiciliado en los confines de la calle San Antonio, quien en unión con su esposa y ubicado en un palco estuvo grosera y torpemente molestando a las personas que hacían el recorrido tranquilas. Los bailes de carnaval del Club Social fueron deslumbrantes, con música a cargo de la orquesta del Profesor Mario Monti, quien impregnó con gratas melodías los exquisitamente adornados salones. El miércoles de carnaval, los esposos Muzio-Béhèran obsequiaron a sus relaciones con una suntuosa tertulia; que resultó espléndida. Las reuniones del Centro Argentino no habían dejado ningún detalle al azar, y estuvieron alegres y entusiastas. Posteriormente a los días de carnaval, la Sociedad de Beneficencia llevó a cabo un corso de flores, aprovechando la instalación eléctrica de las fiestas.-
