Junio de 1969
El asalto al Banco de la Nación en 1969 (2ª. Parte)
La sociedad gualeguayense se conmovió con el espectacular asalto. La crónica, extensa y meticulosa, fue publicada por “EL DEBATE” el jueves 19 de junio de 1969. El suceso había ocurrido en la mañana del miércoles anterior, cuando se abrieron las puertas al público.- La persecución con la estanciera y la comitiva policial a bordo de la pik-up roja que transportaba a los asaltantes se inició en la esquina de 25 de Mayo y Pellegrini. La pik-up siguió por 25 de Mayo con rumbo norte. Dobló en Federación, de contramano y a gran velocidad, tomó luego por San Martín, en rodeo, para despistar el móvil policial, Martín Fierro, San Antonio Norte, saliendo luego de la ciudad.
La estanciera con los policías optó por el rumbo de la Ruta 11, suponiendo que huirían por ella; pero no fue así, la pik-up dobló en Soberanía para dirigirse al Círculo de Pilotos. La policía, sin embargo, siguió por la Ruta 11 y al llegar al puesto caminero comprobó que por allí no había hecho su paso la pik-up, por lo que retomó hacia la avenida Soberanía para efectuar un patrullaje de la zona. En esos momentos, la estanciera policial acusó desperfectos por el impacto que había sufrido, por lo cual los policías debieron cambiar de vehículo, ascendiendo a una camioneta de Obras Sanitarias. En su recorrida en procura de rastros, la Policía llegó por la avenida Reconquista (hoy Presidente Perón) hasta el Círculo de Pilotos Gral. San Martín, donde comprobó la presencia de la pik-up roja, pero no la de los asaltantes que habían partido en dos avionetas, minutos antes. Uno de los tantos episodios que se vivieron en torno al asalto, se originó en el vehículo que los maleantes usaron en consumarlo. Los atracadores viajaban en un Torino de color blanco, que luego se supo habían robado el día anterior en Gualeguaychú a la firma Majul Hnos. Presumiblemente por desconocimiento en su manejo, este automóvil tuvo desperfectos poco antes de las 7 de ese miércoles en San Antonio Norte al 900. Al no poder utilizarlo, los asaltantes se dieron a la tarea de procurarse otro vehículo; justamente cuando salía de su casa el Sr. Humberto Valentín Leiva, los individuos lo obligaron a ascender a la pik-up Chevrolet de su propiedad, que se encontraba estacionada allí. Uno de los delincuentes tomó el mando del rodado, saliendo hacia el norte, para hacer tiempo hasta la hora de apertura del Banco de la Nación. Regresaron luego al centro de la ciudad entrando por San Antonio Norte, tomaron por una calle transversal en contramano y de idéntico modo por 25 de Mayo hacia el sur, a gran velocidad, para estacionar en 25 de Mayo y Pellegrini, siempre llevando consigo al Sr. Leiva, a quien obligaron a ingresar al Banco y a arrojarse al suelo, junto al resto de las personas que fueron víctimas de la situación. Los delincuentes huyeron en dos aviones que el día anterior habían contratado para el viaje de dos familias a Buenos Aires. Las máquinas conducidas por los pilotos Alberto Bogossian y Alfredo Mario Piaggio, quienes se encontraban desde momentos antes esperando a las familias, en el Círculo de Pilotos. Los delincuentes eran acompañados por dos integrantes de la pandilla que no habían intervenido en el asalto y un niño de pocos años, aparentemente hijo de uno de ellos. Según habría trascendido, la espera se hacía larga y Piaggio comenzó a sospechar algo raro en los individuos, por lo que invitó a Bogossian, en voz baja, a ingresar al Centro. Advertido de ello, uno de los maleantes obligó a los pilotos a quedarse, intimidándolo con una pistola, despejando dudas de lo que se trataba. Disparó un tiro al suelo, muy cerca de los pies de Bogossian. Inmediatamente llegaron los "familiares" que habían finalizado su "diligencia" en el local del Banco. Tras ello subieron con Bogossian e intentó hacerlo un cuarto malhechor, pero el piloto se negó por no permitirlo la capacidad del avión; por eso abordó el avión que pilotearía Piaggio, en el cual viajaron cuatro malvivientes y el niño. Esto dio lugar a un altercado entre Bogossian y el delincuente que pretendía subirse al avión. Las máquinas partieron con rumbo a Buenos Aires, aunque sin destino fijo de aterrizaje. Finalmente lo hicieron en el Aeródromo del Centro Universitario de Aviación, en La Matanza. Allí descendieron los dos aparatos con muy breve intervalo. No había nadie en el lugar, los delincuentes no eran esperados. Caminaron junto a los pilotos unos treinta metros en dirección a la ruta para desaparecer luego. Cuando las máquinas despegaron de La Matanza ya no quedaban rastros de los malhechores. Los pilotos se pusieron en contacto radial entre sí y luego con la VII Brigada Aérea con asiento en Morón. Bogossian hizo un alto en San Fernando para cargar combustible, regresando a Gualeguay, donde arribó a las 10 y 30 horas, para trasladarse de inmediato a la Unidad Regional de Policía. En el lugar fue indagado por las autoridades. Piaggio, por su parte descendió para abastecerse en Morón y confirmó la denuncia. Tras una breve detención fue autorizado a decolar, pero ya en vuelo hacia Gualeguay fue obligado a regresar a Morón, desde donde fue trasladado a dependencias de la Policía Federal, para prestar declaración. Regresó a Gualeguay poco después de las 11 del jueves, conduciendo su máquina. Se dirigió a la Policía local para ponerse a disposición de las autoridades. El Comisario Inspector Juan Carlos Pereyra declaró que los pilotos estaban en libertad, habiendo ayudado en la conformación de los identi-kit. Las versiones recogidas entre las personas que se encontraban en el Banco eran coincidentes en el sentido de señalar la inexperiencia que aparentaban los maleantes, muy jóvenes y, por la forma en que procedieron no descartaban que estuviesen bajo efectos de estupefacientes; sus expresiones, dicción y entonación hizo presumir que se trataba de sujetos oriundos de Buenos Aires. Otro detalle de la circunstancia fue que en la sede local del Banco de la Nación había en ese momento una suma muy superior a los ocho millones y medio de pesos que fueron robados. El Contador de la entidad, Sr. Doná, que había sufrido un golpe en la cabeza, fue atendido en el Instituto Médico Quirúrgico de donde salió sin mayores complicaciones. Se encontró en el Torino blanco abandonado una llave de la habitación N° 3 del Hotel Italia, donde se informó que la misma había sido ocupada desde el lunes anterior por dos hombres y un niño de corta edad. En ella se hallaron algunos efectos personales y una botella de cognac. La Policía Federal y la de la Provincia de Entre Ríos se ocupaban del asunto, colaborando mutuamente. A los pocos días se confirmó la detención de dos mujeres que podían estar relacionadas con el hecho. "EL DEBATE" publicó los identi-kit de los delincuentes. Se interrogaba a testigos y el procedimiento continuaba...
