Quejas y reclamos en enero de 1914
Diversas cuestiones eran preocupación pública en el verano caluroso de hace cien años en Gualeguay. “EL DEBATE” no era ajeno a la voz popular que encontraba eco en sus páginas.-
Varios temas concitan la atención pública en enero de 1914. "EL DEBATE" se hizo eco de los reclamos populares. Así, el día 14 de enero, cuando el calor hacía estragos en la ciudad, informaba que hacía unos siete días que permanecía en la sala de autopsias el cadáver de León López en completo estado de descomposición, como era fácil de presumir, inquiriendo al Jefe de Policía qué podría decir al respecto.El viernes 23 califica como justas a las quejas de los verduleros, quienes no podían salir hasta las 8 de la mañana, hora en que el sol aprieta bastante, lo cual hacía que el público se resintiera porque las verduras llegan a sus manos "asoliadas y en mal estado" (sic). El articulista requería la modificación del horario de salida, advirtiendo ocuparse más detalladamente del asunto en caso de no oírse la petición, ya que de ello dependían las condiciones en que podían expenderse las verduras. En cuanto a calles y plazas, en otro opúsculo, acusa a las autoridades municipales de haberlas abandonado a su propia suerte. Señala que desde hacía tiempo, en estas mismas columnas, se demostraba y testificaba al respecto; a tal punto que la verdad demostrada ya era un axioma, que estaba a la vista de todos. Salvo los ediles no veían ni oían el clamor general, como si no existiera, asegura. A los calores tropicales que se soportaban se agregaba el finísimo polvo que el paso de un coche o el más leve viento levanta en todas las calles de la ciudad, puesto que no se podían regar ni siquiera las calles más céntricas y transitadas. Las plazas daban lástima, empezando por la Colón (San Martín) cuyas retretas se veían privadas de muy valioso elemento por la carencia absoluta de bancos y por lo molesta que resultaba la estadía allí, toda la noche de pie y aspirando la tierra que se levantaba con el continuo movimiento. Y era una lástima, porque -a criterio del cronista- con muy poco empeño las retretas podían resultar hermosísimas. Sobre la Constitución, ya había dicho que hacían falta bancos que bien podrían haber sido colocados alrededor de la pirámide, resolviéndose así la eterna preocupación de las familias: los asientos. También la luz dejaba bastante que desear, habiendo un foco que se pasaba la noche haciendo guiñadas, que resultaban muy molestas.Lea más en la edición impresa en papel
