Las amistades tóxicas, reconocimiento para protegerse…
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En todos los vínculos puede haber algún componente de toxicidad; existen las amistades
tóxicas, que se sufren tanto como las relaciones de pareja tóxicas. Un vínculo sano es llegar
a casa sintiendo felicidad, cuidado y contención. Un vínculo tóxico se percibe con
desconcierto, no se puede poner un límite suficiente para alejarse. No se cumplen los
requisitos básicos de simetría y cuidado; se siente que el problema es propio.
Señales más evidentes: Tras un encuentro, uno vuelve peor de lo que se fue; quedarse
pensando si el otro se enojó, si estaba distante, en qué se hizo mal. No existe confianza
suficiente para preguntar; si el malestar aparece al recordar un encuentro y la sensación es
amarga en lugar de satisfacción y alegría, hay que prestar atención. En quienes construyen
relaciones tóxicas, el amor propio es débil, lo que genera intentos constantes de aceptación
y afecto. Duele el no merecimiento, tiene raíces en heridas no sanadas; ese vínculo afecta
nuestra autoestima; el miedo a la soledad puede atarnos a vínculos dañinos: Ese temor,
sostiene relaciones, con autoconocimiento y terapia permiten trabajarla.
Cómo identificar una amistad tóxica: Una guía simple, es: si un mensaje de ese amigo/a
produce alegría, es positivo; si aparece malestar, es negativo. Si se tiene ganas de
encontrarse eso genera felicidad, es saludable; cómo nos sentimos después de cada
encuentro es fundamental. Si requiere demasiado esfuerzo, ahí no es. Los vínculos de
amistad deben fluir y permitir expresar lo que nos molesta. La incomodidad puede ser una
alarma, pero también una oportunidad. Las conversaciones incómodas resultan
imprescindibles en toda relación. Lo que ocurre en ese diálogo es un termómetro de cuánto
se puede dar en ese vínculo; primero lo bueno, luego lo incómodo y cerrar con otro aspecto
positivo. La comunicación no violenta consiste en decir qué se observa, qué se siente, qué
se necesita y pedirlo amorosamente. En la práctica es complicado, pero ayuda a evitar
enojos innecesarios. Si el otro se enoja, tendrá que resolverlo, pero al menos lo habremos
dicho con empatía, sin guardar conversaciones incómodas. Cuando nos encontramos, es
como si no hubiera pasado el tiempo. Ese abrazo y ponerse al día es fantástico. Cuando la
amistad es genuina, existe una conexión de corazón a corazón que supera el tiempo y la
distancia.
¿Se puede transformar una amistad tóxica en sana? Quienes tienen un trastorno narcisista
no pueden construir vínculos, porque el único lazo es consigo mismo y carecen de empatía.
Ante rasgos narcisistas intensos, lo mejor es hacer el duelo, cerrar la puerta y alejarse.
QUERIDOS LECTORES: Los/as tóxicos/as en distintos ámbitos rotan su entorno, no
cambian porque no sienten necesidad de hacerlo. En mi experiencia profesional, he visto
muy pocos narcisistas en terapia; no sienten que deban modificar nada, la culpa siempre es
del/la otro/a. Dañan a muchas personas, pero no cambian.
“Con qué voy a soñar, cuando he sido tan feliz despierto”
Fiodor Dostoevsky